— El almendro —

El almendro tiene una indudable importancia económica y social en Aragón, ocupando cerca de 80.000 hectáreas. Las plantaciones de almendro han sido consideradas como frutales de secano y su cultivo se lleva a cabo de forma secundaria con respecto al resto de los cultivos leñosos. Los almendros tradicionalmente se han ubicado en entornos marginales propios de la agricultura de subsistencia. Estas dificultades agronómicas, durante generaciones se han traducido en bajas producciones y escasos e irregulares ingresos, que han desempeñado un papel de complemento de renta. Sin embargo, en los últimos años, la búsqueda de cultivos alternativos al cereal y el incremento en el precio de la almendra está favoreciendo el interés por este cultivo.

A pesar de que en los últimos años se está produciendo una lenta, pero clara, tendencia a la mejora del cultivo (utilización de variedades productivas de floración tardía, instalación de riego localizado, previsión de necesidades de polinización, etc.) , todavía el grado de innovación tecnológica del cultivo del almendro es menor en comparación con otros cultivos leñosos similares (e.g. olivo o vid). Así, un claro ejemplo sería el manejo del suelo de las explotaciones de almendro. Los diferentes efectos beneficiosos del uso de cultivos cubierta frente al laboreo en el manejo del suelo en cultivos leñosos han sido puestos de manifiesto en numerosas publicaciones realizadas principalmente en cultivos de vid y olivar (Durán et al., 2008; Gómez et al., 2011, 2017). Sin embargo, las publicaciones relacionadas con el uso de cultivos cubierta en el manejo del almendro y sus efectos sobre el suelo y el cultivo son mucho más escasas.

La poca información existente ha demostrado que el empleo de cultivos cubierta, frente a un laboreo frecuente del suelo, mejora la calidad del suelo en el cultivo de almendro en condiciones semiáridas del SE de España (Ramos et al., 2010). Los beneficios potenciales para la mejora de la calidad y salud del suelo de las cubiertas vegetales son evidentes, gracias a la inminente incorporación de residuos orgánicos que con toda probabilidad puede mejorar las propiedades del suelo y la mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero. En consecuencia, esta asociación representa un modelo eficiente para la mejora de la productividad y sostenibilidad de los sistemas de secano en zonas marginales de clima semiárido (Durán et al., 2012).